Terremoto en Haití: Viaje a Jacmel, Primera Parte
En 60 segundos, la realidad de uno de los países con mayor preponderancia en la historia latinoamericana, golpeada continuamente por desastres naturales y con una fascinante e intrigante cultura, cambió drásticamente su rumbo. El 12 de enero, el reloj de la historia se detuvo para Haití a las 4:53 p.m. Un terremoto de grandes magnitudes devastó su capital Puerto Príncipe y la parte sur del país. Se estima que fallecieron 250,000 personas, hay más de un millón sin hogar y alrededor de dos millones que requieren de atención alimentaria inmediata.
Las dantescas imágenes alrededor de Champs Mars, uno de los lugares emblemáticos de la ciudad, daban una visión sobre las dimensiones del problema. Rápidamente se formaban los primeros asentamientos humanos en las zonas despejadas disponibles. La ayuda del exterior empezó a fluir con rapidez aunque la carencia de mecanismos de coordinación entre las autoridades gubernamentales (fuertemente afectadas e institucionalmente débiles), la falencia de las comunicaciones, la precariedad de la infraestructura y la incapacidad de articulación de las agencias de cooperación internacional contribuyeron al caos.
Una de las zonas que fue afectada de manera
importante fue la ciudad de Jacmel, ubicada en
la parte sur del país y capital cultural de
Haití. Históricamente acogió a Simón Bolívar
luego de que Alexander Pétion, le diera la mano
en un momento crítico para el libertador.
Bolívar se comprometió a abolir la esclavitud
en sus campañas libertadoras. En su historia
reciente, se ha caracterizado por recibir
turistas en sus hermosas playas y ser hogar de
uno de los festivales de tambores más famosos
del Caribe.
La concentración de la
acciones hacia Puerto Príncipe tuvo como
consecuencia que no se prestara ayuda rápida
hacia otras zonas del país. La comunidad
fronteriza de Pedernales realizó un viaje
exploratorio a Jacmel por tierra (8-9 horas),
para identificar la situación. Los resultados
fueron concluyentes: la población de
Jacmel estaba gravemente afectada y no habían
sino beneficiados con ninguna de las ayudas
internacionales. Este llamado de alerta fue la
punta de lanza para iniciar una operación de
respuesta inmediata hacia esta zona de
Haití.
En trabajo mancomunado con la oficina del Gobernador de Pedernales, La Marina Dominicana, Defensa Civil, Cruz Roja, PADF, Plan Internacional y Asamblea de Cooperación para la Paz, se creó un puente marítimo para el envío de ayuda desde el puerto de Cabo Rojo en Pedernales hacia Jacmel. A pesar de los grandes esfuerzos de sus voluntarios y personal, la falta de coordinación y logística antes las dimensiones de la situación, hacían muy complejas las acciones para dar respuesta. Las dimensiones del desastre acaecido en Haití , sumado a las deficiencias estruturales existentes y la devastación superó cualquier capacidad instalada. Esto generó como consecuencia que luego de la conmoción y el pánico causados producto del terremoto, la respuesta estuviera más orientada a responder de manera pronto que a realizarlo bajo los mecanismo que usualmente se hubieran utilizado ante un desastre natural de menores dimensiones.
Las cargas eran enviadas en camiones hacia
Pedernales, tomando alrededor de 8 horas en
arribar. Posteriormente, eran cargadas en un
barco de la marina por parte de voluntarios de
Defensa Civil y la Marina dominicana en
difíciles condiciones: 35 grados de
temperatura, sin equipo de protección y ante la
inclemencia del tiempo. Adicionalmente, Cabo
Rojo es un puerto cercano a una mina de
bauxita, razón por la cual un polvo rojizo
rodea el ambiente constantemente, haciendo aún
más compleja la tarea. Luego de que los barcos
de capacidad para 30,50 y 80 toneladas eran
cargados, iniciaban el camino hacia Jacmel. La
llegada de donaciones de diferentes
organizaciones no estaba coordinada, razón por
la cual, no se sabía a ciencia cierta cuándo
saldría la embarcación o cuándo serían enviadas
las cargas. Los voluntarios permanecían horas
trabajando sin agua o alimentación.
Los
barcos podían tardar entre 4 a 8 horas en
llegar a Jacmel. A su llegada, cada
organización estaba a la espera de la recepción
de su carga. Haitianos apostados a las afueras
del puerto trabajaban por algunos gourdes o
alimentos para ayudar a la descargar. Los
caminos se dirigían luego a las bodegas del
Programa Mundial de Alimentos, donde se
guardaban las donaciones a la espera de su
distribución.
A pesar de que las bodegas estuviesen abarrotadas, la entrega a los damnificados no era posible. La primera barrera que se presentaba era la incapacidad de tener una estructura de reparto claramente definida. Muchos de los trabajadores de ONG’s locales se encontraban sin casa, buscando a sus familiares o fuertemente afectados por la catástrofe. La capacidad de operación de muchas organizaciones con voluntarios sin conocimiento del contexto y del idioma no contribuía a este esfuerzo a pesar de las buenas intenciones.
La segunda barrera que se enfrentaba en la distribución se daba por la imposibilidad de definir quién debía recibir la ayuda. En términos de atención y respuesta a desastres, las personas que han sido damnificadas deben ser llevadas como mínimo, mediante la respuesta, a una situación igual a la que se encontraban antes del acaecimiento del desastre.
En un país donde 80% de la población es
analfabeta, 90% de la población es pobre y la
mitad de 10 millones de habitantes viven en la
miseria (bajo estándares de ingreso por día del
Banco Mundial), ¿Quién debe beneficiarse de la
ayuda internacional?, ¿Cuáles son los criterios
para determinar quién recibe una lata de atún,
una carpa o un galón de agua? Ante tal
situación de pobreza, la decisión de muchas
organizaciones internacionales había sido
postergar la entrega de ayuda por unos días,
realizar entregas puntuales y esporádicas o
arrojarla desde aviones. Casi tres semanas
luego del terremoto, iniciaron la entrega de
ayuda por medio de las mujeres, como mecanismo
para garantizar mayor impacto en el uso de las
donaciones.
PADF está trabajando
arduamente en diferentes zonas de Haití.
Nuestro director, Dan O’Neil se encuentra en
Puerto Príncipe liderando los esfuerzos de
respuesta y a la cabeza de la diezmada oficina
en el país. El equipo de República Dominicana
se encuentra trabajando 24/7 en la movilización
de donaciones. Debido a la situación presentada
en Jacmel, me fue encomendada la tarea de
realizar una visita de observación y valoración
sobre el funcionamiento de la logística y las
dimensiones del impacto en Jacmel.
Así, empaqué mi maleta y luego de 6 horas
llegué a Pedernales. Junto a Camilo Avendaño,
nuestra mano derecha en la zona, nos dirigimos
al Puerto de Cabo Rojo. Cajas sin marcar
pasaban de mano en mano, en una cadena humana
hacia el interior del barco. El calor
insoportable y la bauxita se empezaban a
apoderarse de los espacios poco a poco. Son las
11 de la mañana y esperamos que este barco este
cargado para zarpar hacia Jacmel. Puede tardar
3 o 4 horas, o tal vez 45 minutos, nadie lo
sabe. Ante la rigurosidad del las 8 horas de
viaje que nos esperan, decidimos regresar a
Pedernales a comprar agua. Arribando nuevamente
al puerto, nuestras preocupaciones se habían
materializado, el barco había partido hace 15
minutos. Tendríamos que esperar un día más por
Jacmel.
